Los relojes se han parado. La tinta
de mi pluma, antes ligera, se volvió espesa y las palabras antes vivas hoy
forman un ovillo entre mis dedos que se niegan a dejar de rozar tu rostro
vítreo y ámbar, como si fueras a , de repente, saltar de la pantalla y
materializarte ante mis ojos.
Mi vida era feliz. Tediosamente
feliz, o felizmente tediosa o dudosamente rayando la felicidad tédica o...
dudas, siempre dudas.
Hasta que un día ( era primavera)
me dio por mirar al cielo y vi volar cometas por encima de los cerezos en flor.
Entonces quise tener alas, perderme
en el horizonte tras tus vuelos y fui consciente de que realmente me estaba
perdiendo en ti, sin remedio.
Enciendo un cigarrillo. Tu sonrisa
me contempla y mi pulso se acelera sin saber exactamente el diagnóstico...
Y tu voz que nunca he escuchado se
ha hecho un hueco en el pliegue de mi oreja y por las noches te oigo susurrar
mi nombre que nunca has dicho ni conoces.
Y mis ojos delatan la tristeza de
otras ausencias vividas, revividas con tu ausencia.
Porque sé que hay algo que hice mal
y me atormenta ¡cómo me gustaría volver a empezar!
Empezar, empezar, empezar... De la primera conjugación.
ResponderEliminarUn saludo.
Victoria.
Siempre tan oscuramente sensible...besos..rizosa.
ResponderEliminarSiempre tan oscuramente sensible..besos rizosa.tk.
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