Es de
ya noche cerrada, madrugada fría y lluviosa, y esta ciudad duerme bajo el
cansino chirimiri, narcótico y anodino.
Tras los cristales, una vida se
paraliza lejos de esta habitación, donde vomito un día más, palabras que calmen
mi mente hiperactiva, que cansen mi cuerpo entumido por los múltiples desvelos.
En el fondo, no hallo consuelo al pensar que sólo soy una nostalgia enquistada en la sonrisa y eso duele, me aterra.
Tan sólo una sombra detrás de la sombra de tu ombligo, y aún duele y da más miedo. Pensar que no hay mañanas sino, inciertos despertares, que no hay horizontes sino líneas ambiguas de ocasos pasajeros, sin tu presencia y me ahogo entre preguntas siderales.
Esta noche sólo soy esa mala fama de una primera impresión precipitada. Un enigma insoluble al que ni quieres acercarte y una cabeza llena de canas, envejeciendo por minutos.
En tu ruta mágica de reflejos cristalinos me apartaste sin remedio, no hay recuerdos que salvar. Y yo desde la eternidad de las horas, cada vez que miro la lluvia veo tus ojos eternos y me pregunto dónde retienes las respuestas infinitas, ésas que aún creo que merezco.
Pobre de mi, sólo soy el olvido de los amigos, el enemigo, el peligro, la noche de mis noches; soy tanto que jamás seré nada. Soy la nada y me elevo entre el humo de mis eternos cigarrillos, surcando el mar entre las nubes densas, atravesando este muro de silencios impuestos que, después de aquel último día juré no quebrantar.
…Y seguirás en esa isla rodeada de deseo por todas partes menos por una, esa a la que siempre vuelves “con los ojitos empapados en ayer”…con la certeza de hallarme siempre .
En el fondo, no hallo consuelo al pensar que sólo soy una nostalgia enquistada en la sonrisa y eso duele, me aterra.
Tan sólo una sombra detrás de la sombra de tu ombligo, y aún duele y da más miedo. Pensar que no hay mañanas sino, inciertos despertares, que no hay horizontes sino líneas ambiguas de ocasos pasajeros, sin tu presencia y me ahogo entre preguntas siderales.
Esta noche sólo soy esa mala fama de una primera impresión precipitada. Un enigma insoluble al que ni quieres acercarte y una cabeza llena de canas, envejeciendo por minutos.
En tu ruta mágica de reflejos cristalinos me apartaste sin remedio, no hay recuerdos que salvar. Y yo desde la eternidad de las horas, cada vez que miro la lluvia veo tus ojos eternos y me pregunto dónde retienes las respuestas infinitas, ésas que aún creo que merezco.
Pobre de mi, sólo soy el olvido de los amigos, el enemigo, el peligro, la noche de mis noches; soy tanto que jamás seré nada. Soy la nada y me elevo entre el humo de mis eternos cigarrillos, surcando el mar entre las nubes densas, atravesando este muro de silencios impuestos que, después de aquel último día juré no quebrantar.
…Y seguirás en esa isla rodeada de deseo por todas partes menos por una, esa a la que siempre vuelves “con los ojitos empapados en ayer”…con la certeza de hallarme siempre .
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