Las sombras fueron entrando desordenadamente y a
trompicones. Ni siquiera tuvieron la deferencia de tocar al timbre, al menos
hubiera dado tiempo a mirar por la mirilla, a preparar el terreno, a poner
trabas, peros, pegas, disculpas…yo qué se.
Se fueron instalando por
las esquinas del pasillo, formando pequeños montículos oscuros,
crecientes hacia el techo.
Yo…no me di cuenta de las manchas hasta pasadas unas lunas,
cuando se fue ensombreciendo la luz,
pensando, ilusa de mí, que las bombillas de bajo consumo iban
agotándose. Para entonces era tarde.
Ellas se habían cimentado fuertemente ya, sobre los muebles,
la tele, las cortinas, incluso habían entrado sigilosas en mi habitación y
avanzaban hacia la cocina.
Estaba perdida irremediablemente y yo aún no lo sabía. O si, o no…quizás.
Perdida. Maldita palabra. Tanto o más que sombra. No sabía hasta ese momento, lo que
llegaría a odiar esa palabra.
La vida se compone de palabras a las que en un momento dado
llegas a odiar o a amar. Sombra, laxitud, incomprensión, indiferencia, abulia…
palabras que se enquistan en el glotis y no digieres nunca demasiado, ahora el
significado, viéndolas avanzar sin hacer absolutamente nada, sin fuerzas para
combatirlas, me caen encima como una
pesada losa, de la que nunca escaparé. Estoy segura.
-La oscuridad me atrapa, me abraza, me apresa quizá… cual
matrona amantísima y me besa. Lo peor de todo es que me dejo, me abandono a sus
arrullos y desfallezco…-
Todo a mi alrededor a desaparecido. La negrura es absoluta
como noche sin luna en un bosque espeso. No tengo escapatoria. Intento ver mi
cuerpo a duras penas, fijando la mirada durante mucho rato mientras mi retina
se acostumbra a tanta oscuridad. Creo ver, distingo a lo lejos allá abajo algo
parecido a unos pies. Aunque trato de
asegurarme no sea un vano recuerdo retenido en mi cerebro. Con unas manos
frías como témpanos palpo a ciegas un
cuerpo que reconozco como algo mío, aunque lejano. Podría ser yo. Pero no lo
aseguro. No puedo estar segura ya de nada. Ni siquiera de ser yo quien lo
describa. Ni siquiera de ser yo quien esta ahí.
-Todo mi cuerpo flota fuera de mi capacidad de comprensión.
No soy dueña de mis pensamientos. No entiendo absolutamente nada de lo que me
rodea y el cerebro, esa masa gris ya desprendida, duele al golpearse contra las
paredes del cráneo en cada embestida que da, cuando las palabras se apalean
contra esos muros y retroceden
clavándose en mi carne.-
Silencio .Todo se vuelve sordo y mudo en este mundo de
tinieblas en el que floto, unida tan sólo por un fino cordón umbilical a mi
habitación. Una habitación devorada por las sombras, dueñas de todo lo que
creí, me pertenecía. Craso error, pensar que era dueña de algo. Por un momento
creo sentir rubor en las mejillas al especular con la idea de que podría algún
día siquiera sentirme dueña incluso de mi propia vida…Vida. Tan sólo una
palabra que ahora el eco devuelve contra esta soledad vacía en la que se ha
convertido esta casa, este cuerpo sin manos…, sin manos. Lo primero que ellas
despedazaron, mis manos. Pensaron que ya no las necesitaba, al fin y al cabo no eran nada más que un
despojo por el que salían versos inconclusos, pésimos poemas y palabras que
nunca decían nada. Ahora mismo ni
siquiera ya ni pienso, esto es tan solo
obra de una imaginación ajena.
-Toda mi instinto viaja a la velocidad de la luz, mientras
mi cuerpo desaparece, antes de caer en una inconsciencia , esperando otro
tiempo, otro espacio, otra vida quizás… otra vida sin tantas palabras, sin
tantas sombras, sin tanto dolor, tanto cansancio acumulado a lo largo de los
siglos.
Estoy cansada. Muy cansada. O eso creo. Ya no lo sé a
ciencia cierta. Mi cordón tiene fisuras y no tengo manos para componerlo. Nadie
puede ayudarme, no hay nadie. Las sombras invaden cada rincón, cada espacio de
este pequeño reducto en que me encuentro y se me agotan las fuerzas. Sólo me
quedan palabras, lanzadas a un vacío aterrador, ¿unos ojos? acostumbrados a la oscuridad y mis
silencios.
Palabras…mi voz que reverbera contra los muros que se han
levantado desde que se filtraron estas malditas sombras y no llega al exterior.
Tanto tiempo hace que no sale mi voz… se me olvidó cómo suena. Las sombra te llevaron, se llevaron mi voz y los poemas…Quizás
no tenga voz, como no tengo manos, como casi ni aliento ni fuerzas… Ni cuerpo,
no lo necesito. Y quizás no sea nada. Esa sería la explicación más fácil.
Nadie.
Me llamo Nadie. Y no existo.

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