lunes, 23 de abril de 2012

MI NOMRE ES NADIE





Las sombras fueron entrando desordenadamente y a trompicones. Ni siquiera tuvieron la deferencia de tocar al timbre, al menos hubiera dado tiempo a mirar por la mirilla, a preparar el terreno, a poner trabas, peros, pegas, disculpas…yo qué se.

Se fueron instalando por  las esquinas del pasillo, formando pequeños montículos oscuros, crecientes hacia el techo.

Yo…no me di cuenta de las manchas hasta pasadas unas lunas, cuando se fue ensombreciendo la luz,  pensando, ilusa de mí, que las bombillas de bajo consumo iban agotándose. Para entonces era tarde.

Ellas se habían cimentado fuertemente ya, sobre los muebles, la tele, las cortinas, incluso habían entrado sigilosas en mi habitación y avanzaban hacia la cocina.

Estaba perdida irremediablemente y yo aún  no lo sabía. O si, o no…quizás.

Perdida. Maldita palabra. Tanto o más que  sombra. No sabía hasta ese momento, lo que llegaría a odiar esa palabra.

La vida se compone de palabras a las que en un momento dado llegas a odiar o a amar. Sombra, laxitud, incomprensión, indiferencia, abulia… palabras que se enquistan en el glotis y no digieres nunca demasiado, ahora el significado, viéndolas avanzar sin hacer absolutamente nada, sin fuerzas para combatirlas, me caen encima como  una pesada losa, de la que nunca escaparé. Estoy segura.



-La oscuridad me atrapa, me abraza, me apresa quizá… cual matrona amantísima y me besa. Lo peor de todo es que me dejo, me abandono a sus arrullos y desfallezco…-



Todo a mi alrededor a desaparecido. La negrura es absoluta como noche sin luna en un bosque espeso. No tengo escapatoria. Intento ver mi cuerpo a duras penas, fijando la mirada durante mucho rato mientras mi retina se acostumbra a tanta oscuridad. Creo ver, distingo a lo lejos allá abajo algo parecido a unos pies. Aunque trato de  asegurarme no sea un vano recuerdo retenido en mi cerebro. Con unas manos frías como témpanos  palpo a ciegas un cuerpo que reconozco como algo mío, aunque lejano. Podría ser yo. Pero no lo aseguro. No puedo estar segura ya de nada. Ni siquiera de ser yo quien lo describa. Ni siquiera de ser yo quien esta ahí.



-Todo mi cuerpo flota fuera de mi capacidad de comprensión. No soy dueña de mis pensamientos. No entiendo absolutamente nada de lo que me rodea y el cerebro, esa masa gris ya desprendida, duele al golpearse contra las paredes del cráneo en cada embestida que da, cuando las palabras se apalean contra  esos muros y retroceden clavándose en mi carne.-



Silencio .Todo se vuelve sordo y mudo en este mundo de tinieblas en el que floto, unida tan sólo por un fino cordón umbilical a mi habitación. Una habitación devorada por las sombras, dueñas de todo lo que creí, me pertenecía. Craso error, pensar que era dueña de algo. Por un momento creo sentir rubor en las mejillas al especular con la idea de que podría algún día siquiera sentirme dueña incluso de mi propia vida…Vida. Tan sólo una palabra que ahora el eco devuelve contra esta soledad vacía en la que se ha convertido esta casa, este cuerpo sin manos…, sin manos. Lo primero que ellas despedazaron, mis manos. Pensaron que ya no las necesitaba,  al fin y al cabo no eran nada más que un despojo por el que salían versos inconclusos, pésimos poemas y palabras que nunca decían nada. Ahora mismo  ni siquiera  ya ni pienso, esto es tan solo obra de una imaginación ajena.

-Toda mi instinto viaja a la velocidad de la luz, mientras mi cuerpo desaparece, antes de caer en una inconsciencia , esperando otro tiempo, otro espacio, otra vida quizás… otra vida sin tantas palabras, sin tantas sombras, sin tanto dolor, tanto cansancio acumulado a lo largo de los siglos.



Estoy cansada. Muy cansada. O eso creo. Ya no lo sé a ciencia cierta. Mi cordón tiene fisuras y no tengo manos para componerlo. Nadie puede ayudarme, no hay nadie. Las sombras invaden cada rincón, cada espacio de este pequeño reducto en que me encuentro y se me agotan las fuerzas. Sólo me quedan palabras, lanzadas a un vacío aterrador, ¿unos  ojos? acostumbrados a la oscuridad y mis silencios.

Palabras…mi voz que reverbera contra los muros que se han levantado desde que se filtraron estas malditas sombras y no llega al exterior.

Tanto tiempo hace que no sale mi voz…  se me olvidó cómo suena. Las sombra  te llevaron, se llevaron mi voz y los poemas…Quizás no tenga voz, como no tengo manos, como casi ni aliento ni fuerzas… Ni cuerpo, no lo necesito. Y quizás no sea nada. Esa sería la explicación más fácil. Nadie.

Me llamo Nadie. Y no existo.






No hay comentarios:

Publicar un comentario