viernes, 30 de septiembre de 2011

CONVERSACIONES CON MI YO (1 PARTE)


CONVERSACIONES CON MI YO  (1 PARTE)



Ayer existía la ternura, la mirada limpia de rencores el deseo de ser junto a otros sin afán posesivo, sin mediaciones lascivas de los perfiles corpóreos.

Ayer podía decirte que el amor es la constante idea de cada ser humano que nos rodea, la búsqueda implorante de esas manos que se extienden y rozan nuestro pecho.

Ayer, ingenua de mí, nada más importante que imaginar la incapacidad amatoria de una presencia y hundirme en ella, renunciando al pensamiento que exige razones y obliga a la cordura.

Todo era tan simple! Cualquier excusa valía para prolongar la respiración en otros pulmones, en otro aliento, en la comisura fértil de esos labios que invitaban al goce inmenso de ser un poco niña y descubrir otros mundos más felices, más fructíferos al hombre y al poeta.

Hoy sonríes con mis tercas palabras  de locura y te dejas embaucar por las fáciles metáforas que ocultan la verdadera dimensión de una existencia de amores inolvidables; que se aferran a los latidos del tiempo, porque está convencida que alguien necesita su llegada.

Hoy, este hoy continuación de ayer, las miradas se han vuelto hurañas y con escasas posibilidades de mirar más allá de nuestro propio egoísmo o temor.


Y MI VIDA SIN MI, NO FUE MIA (2 Parte)

Nuestras manos ya no dibujan castillos en el aire, porque están curtidas en el desengaño, en la conformidad de abrirse para recibir, no importa qué ni dónde; porque son adultas y no se animan a volar hacia altas cumbres, que representan otros cuerpos.
Hoy, te confieso mi oficio de poeta y esas batallas que pierdo y toda la desgana acumulada ante el acoso de ciertos abismos incomprensibles y provocados.
También, hoy, el silencio es una filosofía, cauta y desesperada, para la supervivencia. Un compañero que me golpea el hombro, en complicidad manifiesta, cuando estás cerca y presiento que no todo está perdido, que la emoción de los versos se dilata y ocupa la paciente humanidad de una niña coqueta y blanca, muy blanca, casi transparente, como papel transformado en otro mundo.
Entre estas líneas y las palabras que avanzan sin decir nada, existen los nombres, los paisajes corporales, las llagas que nunca cierran, un ímpetu ansioso de inundación y la única difencia entre


AYER
Y
HOY.


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