jueves, 29 de septiembre de 2011

LOS DÍAS TONTOS


LOS DÍAS TONTOS



Hay días en los que una se levanta con el ánimo como transparente, esperando que se coloree a medida que las horas avanzan y así poder teñir el humor según  se presenten las circunstancias, es decir…días tontos.

Esos días son los que no quisieras levantarte, remoloneas dando vueltas, percibes que algo te empuja hacia el centro mismo de la cama, te atrae  la desidia, y los ojos se niegan siquiera a dejar entrar una línea de luz que perturbe esa infinita sensación de parálisis cerebral, acompañando al resto de tu cuerpo.

Lo que sigue es aún peor…con un café encima de la mesa, una larga hora con la mirada fija en una pared, sin mover un músculo de la cara, y con el solo ejercicio del codo que lleve hasta los labios el amargo néctar de los dioses, las rodillas acuclilladas en la eterna banqueta de ¿pensar?, dejando que pase el tiempo y de fondo las voces de una radio que ni escuchas ni maldita la falta que hace. Pero de pronto…

De pronto de entre ese letargo hay algo que te sobrecoge y excita  los sentidos, algo que hace que tus ojos se redondeen como sartenes y tu cuerpo se incorpore, tus oídos de  tomen vida propia y por un segundo, el cerebro corra a mil años luz para posarse en un rostro, casi olvidado en algún rincón de tu cabeza hace mucho tiempo.

Y pones atención por un momento…que es un instante, solo un  segundo, y la ves, bailando esa canción que suena ahora mismo, la ves,  joven, sonriendo,  Y de pronto la vida se paraliza de nuevo para volver a escuchar y sentir los acordes de una melodía que  repite su nombre en mis labios como una oración, quedamente, casi imperceptible.  Dicen que somos, muchas veces parte de la música que escuchamos. Nuestros recuerdos, están asociados a ella. Debe de ser cierto, porque en ese leve instante, todo mi ser respiraba su esencia y el hoy carecía de sentido. Durante apenas cuatro minutos, me trasladé a su mirada pícara, a su voz tranquila, a sus andares elegantes…la ví pasearse por mi cocina sonriéndome, ladeando el rostro, quitándose el cabello de la frente.
La escuché tararear aquella canción, tantas veces repetida, mientras se alejaba por el balcón abierto a la mañana, y en la radio comenzaba una  nueva melodía.

Hay días tontos que no sabes cómo comenzarlos. Sólo esperas a que las horas pasen y las circunstancias se encarguen de colorear tu ánimo. Una canción, puede teñir el día con una lágrima o una sonrisa…o ambas, esa canción sirvió para que ella por fin viniera a despedirse, y una de las páginas de mi libro se cerraran.

P:D: a Raquel, in Memorian

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