domingo, 25 de septiembre de 2011


EL FINAL DEL VERANO



 Fue  cuando se adivinaban los primeros rayos de sol, cuando tímidamente el calor dejaba cuerpos al descubierto y las calles se llenaban de voces infantiles hasta bien entrada la noche. Cuando las hogueras de San Juán, devoraban entre sus llamas cientos de mensajes lanzados con los ojos y dientes apretados,  y las esperanzas  se elevaban cimbreantes entre ascuas avivadas mientras el fuego purificaba las almas allí reunidas a su alrededor dando la bienvenida al verano. Cuando, digo, cogí lo necesario y me fui.

Cambiar de lugar, cambiar de caras, cambiar de paisaje…cambiar. No se puede huir de uno mismo. Tú siempre te acompañas. Es inútil intentar correr, por más que lo intentes, llegas al mismo tiempo. Así es que no te queda otra que asumir y hacerte amigo por nada que te gustes.

Llevo tanto tiempo fuera lugar, de este lugar, que a veces me pregunto si será realmente mi lugar, o quizás mejor cual será realmente mi lugar.

A cada sitio que llego, quiero quedarme. Cada sitio en el que vivo, lo hago mío. Pero a medida que pasan los días, la sensación se repite. Las caras se repiten, los lugares se repiten, las preguntas se repiten. Y vuelvo, siempre vuelvo al mismo punto.

Las decepciones se suceden, una vez y otra y otra, y el tiempo no se detiene. El tiempo. Mi tiempo, es un reloj de arena, que cae pesadamente sin pausa por un canal estrecho, imperceptible apenas, cruelmente se amontona en el centro y me recuerda que el final se acerca.

Mi sitio. No hay lugar donde mis huesos encuentren la paz que necesitan, ni brazos a los que arribar ni  donde encuentren consuelo. No hay sitio para mí.

Un verano más, y las hogueras quemaron rastros de ilusiones rotas, sueños sin cumplir; vuelvo a mis silencios, a mi mundo, a mi bosque.

El final de verano me obliga a hacer este balance. El otoño se aproxima, cauteloso, dejando un sabor en mi boca agridulce una vez más, un verano más. Un año más. Pero no una vida más. Después de unos miles de kilómetros estoy de vuelta, conmigo de nuevo, en casa, sin pena ni gloria pero es lo que hay.


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