No hay
nada más penoso que la cáscara ambulante de un poeta.
Si lo que te
cuento en cada verso
no sale de mi alma de poeta;
si de mis manos vacías de pronto,
surgen
las palabras acuciantes y
corretean por la geografía
de tu cuerpo, llenando espacios
en blanco,
mancillando virginales
pantallas...
no brotan de mi alma de poeta.
Si lo que vomitan mis entrañas,
esta explosión de aterradora soledad,
esta añoranza mezquina del “no
está”,
esta torpeza del “no quiero
saber”,
esta renuncia atroz que me
corroe...
no nace de mi alma de poeta.
Si de pronto mi mano escribe:
“me muero si no te tengo”... ¿cómo?,
“me muero si no te beso” ¿he
dicho yo eso?,
y emerge así, de mi alma ¿de
poeta?,
una de dos:
o es que aún estoy enamorada o
soy poeta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario