LUZ AL FINAL DEL TÚNEL

La senda de la locura nos arrastra sin rumbo, perdidos en mundos paralelos a ciegas...
Nunca el inmenso océano es más inmenso, ni más oscuro, ni más vacío que cuando lo contemplamos desde la frágil quilla de una desvencijada barquichuela a la deriva.
…Es tan grande el miedo a naufragar, tan patente, que cuando el último resorte del cerebro salta sin contemplaciones, nos hace inmunes al dolor sobre el dolor mismo, al abandono más atroz de nosotros mismos...
Nunca este corazón pudo decir basta, ni mis labios cantar "El palabras para Julia", sin que unas lágrimas, reflejos salitrosos de mar y espumas, saltasen sobre las rocas despedazando cuerpos, invadiendo la arrogancia con que mi propia locura intentase un conato de altivez. Inútil gesta.
No está todo perdido. A través de los ojos humedecidos, y dejando a un lado el punto humano de rencor, al fin y al cabo producto, si acaso, de la propia enajenación que turba una mente enferma, se ve con claridad una luz que ilumina el final del túnel.
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