Y comienzo esta andadura en solitario, lanzando al viento tus cenizas, con la certeza de que las llevará lejos; allá donde siempre quisiste estar y nunca fuiste, donde no estoy yo y nunca estaré.
Las miro en su crepitar absurdo, mientras se alejan, en la soledad estática en que permanezco, donde permaneceré impasible, viendo la nube circundada de recuerdos, la estela que acompaña esa sombra ya elevándose en el cielo, mientras a mi alrededor todo es silencio.
No hay lágrimas, no hay ni un suspiro. Silencio, solo silencio.
Bajo mis pies la tierra se tambalea y pierdo el equilibrio dejando caer cansinamente, de rodillas mi cuerpo, sin dejar que mis ojos pierdan el horizonte, ni la silueta imperceptible pero nítida aún clavándose en mi retina, de ese polvo gris espeso alejándose.
Raíces fuertes como tentáculos comienzan a surgir de la tierra, aferrándose a mis piernas, ascendiendo por mis muslos, oprimiendo mi tronco y apretando mi cintura hasta dejarme sin aliento. Mi respiración entrecortada se convierte en leves gemidos, inaudibles quejas de dolor. No hay dolor. No hay dolor.
Siguen remontando hasta mi pecho y bruscamente asidas cual amante intentan llegar al corazón a través de la piel. Duele. No hay dolor, no hay dolor, no hay dolor.
Un último avance mortífero, y las raíces se retuercen en mi garganta donde queda apenas un minúsculo hueco por el que un hilito de aire entra y sale. Un soplo de vida permanece mientras con fuerza se esmeran en que mi respiración se agote. Caigo de espaldas con el último soplo de aliento, intentado descubrir en la noche que me abraza, una cara amiga que me auxilie, alguien que me sonría, descubriendo la nada, todos fueron tras la estela de tus cenizas. La soledad de nuevo me aprieta y me ahoga.
Precioso :)
ResponderEliminarYolanda
yo de nayor quiero ser como tú isa,jaja,oye,que muy bueno niña...
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