jueves, 27 de octubre de 2011

ROMPECABEZAS









Deja que me sumerja en los versos de tu mirada cristalina, descubriré el camino perdido del poema, y el horizonte  donde lanzaste el eco de tu voz la última tarde en aquella playa, enredada en las palabras.



Cuando los sueños se rompen en la noche, en los días...los años pasan inexorablemente sin sentido, sin compasión, esos sueños no se recomponen por si solos....

Hay que salir al exterior y respirar hondo y darse cuenta que no estás solo, que la vida es más que vivir a contraluz, tras los cristales opacos de una miserable existencia creada a base de ilusiones rotas....

Vive, sueña nubes de colores y zurce sonrisas a las flores, inventa una felicidad nueva, verás que la vida es otra cosa que llanto o tristeza. Todo es probar....



Podría perder hasta el orgullo…

Late mi corazón rumiando  todos los manojos de imposibles que ha ido acumulando. Late mi corazón a pesar de las certezas que en él hoy anidan, los dolores se amortiguan pero a veces vuelven con un regusto amargo en la boca, los placeres se deshacen contra el paladar, como bombones de incierto relleno.

Provocar una lluvia de deseos sobre este mundo a veces tan angosto como un túnel, a veces tan resbaladizo como piedras de río cubierto de verdín, a veces monótono hasta la extenuación. Deseos para ser cumplidos, incrustaciones de sueños quebrantados en el corazón.



Como un soplo de aire fresco al amanecer después de una noche en blanco, como una ola rompiendo contra el arrecife cubierto de moluscos, esperando mi mano, tendida alcanzar la espuma y arrancar sin un quejido, sin dolor. Como un arco iris después de la tormenta, gotas cristalinas resbalando por mis mejillas descoloridas, surcando las comisuras de mis labios estrellándose contra el suelo, desapareciendo entre las rocas, entre la arena, llegando a ese Mar. Mar de tempestades. Mar de sonrisas, de lágrimas,

De ciento y una sensaciones  esperanzadas.  Mar de olas balaceándose en el ocaso.......



Las horas dejan de carecer de importancia frente a un mar en calma, una mañana de Otoño soleado.

La mente se descongestiona poco a poco y el mundo a ratitos desaparece alrededor.

El cuerpo parece se perdiera en cada minúsculo grano de arena, y si cierras los ojos hasta el sol dejara de parecer el sol para convertirse en una bombilla gigante.

Es extraordinaria la bondad del mar.

Cada ola, lleva en su regazo el recuerdo de miles de almas sepultadas en sus orillas, con una fuerza aterradora, pero con una calma indescriptible.

Y a lo lejos en el horizonte donde se une con el cielo una delgada línea las eleva al cielo con destellos multicolores en forma de tormentas eléctricas. Aún así la calma continúa, y el Otoño, y la arena y esta playa semidesierta.

Y a pesar de todo, no puedo evitar sentir ausencias.
Esas ausencias que ya no duelen, pero que se extrañan. Esas sombras corretonas que desaparecieron al terminar el verano.



  Porque detrás de las palabras sólo te tengo a ti, tómate el corazón y endurécelo, sin que pierda sensibilidad y ¿los sueños?, los sueños se componen del mismo material del que nacen las alas.






lunes, 24 de octubre de 2011

AÑORANZA


                       

El mar eructaba violentamente formando capullos con las olas, rosas rompiéndose al poco, sobre el casco del buque. En la quilla, la figura de una sirena estremecida, abrazaba cada ola, evitando que salpicaran las armas del navío pirata. En su vientre, las almas pendencieras, brindaban exultantes, ansiosos de una nueva conquista, tan pronto el temporal arreciara. El grumete, en popa, aprovechaba el vómito marino para abrillantar la catapulta nueva, arrebatada a un bergante inglés la tarde pasada. A lo lejos, se divisaba ya tierra, la alta torre del campanario en silueta, entre la fina lluvia y el dulce atardecer, le daban la bienvenida; fijando aún más la vista, casi podía observar el corral lleno de gallinas escandalosas y suculentas, la taberna repleta de seudo sapos borrachos, macilentos y babosos y exuberantes bailarinas  color ébano. Tralcira, la mujer de sus sueños añorada largo tiempo, seguro, esperándole al fondo del local ruidoso y oscuro, escuchando su canción, cantada entre suspiros. Entrecerró los ojos mientras las olas seguían salpicando su rostro. El leve rumor de la cocina, a trajín de cacerolas, cuchillos cortando viandas y batir de huevos le despertó de su ensimismamiento momentáneo. “ Hoy cenamos tortilla, rica...”, y se dejó caer sobre cubierta, cedida ya la tormenta, con el rostro de Tralcira entre las nubes, suavemente, hasta la hora de la cena, contemplando el cielo repleto ya de estrellas chispeantes...


miércoles, 19 de octubre de 2011

UN DIA MÁS SIN TI







Recorro el malecón solitario, mientras el viento acaricia mi rostro suavemente. Camino despacio, las manos en los bolsillos y la mirada perdida. De vez en cuando me paro en esta oscuridad que me envuelve, en estas sombras que me atrapan, queriendo abarcar la inmensidad del infinito.



Ese horizonte que se pierde a lo lejos, ese mar en calma que  se une con la noche, que se alía con mis más profundos pensamientos.

A lo lejos, las voces de la noche de una ciudad que bulle y se agita me recuerdan aún más esta soledad no deseada, hiriente. La rabia se apodera  de mis piernas y de un salto mis pies se hunden en una manta húmeda de arena blanda por la que a duras penas avanzan hasta la orilla. Y allí, dejo caer pesada, cansinamente mi cuerpo justo donde rompen las olas, justo donde el agua arremolina la arena y se me antoja la figura de un pezón. Sigo su movimiento circular divertida, viendo como redondea la tierra formando un vértice perfecto y puntiagudo, sugerente.



Durante unos minutos, mi mente se extravía en mundos incitantes a la lujuria, miro hacia el cielo iluminado  tenuemente por una tímida luna menguante y me tumbo sobre la playa mientras mis ojos poco a poco se acostumbran por fin a la oscuridad.

El viento mece mi pelo, mis ropas y empuja las nubes formando caprichosas formas aún más extrañas en la penumbra. Es entonces cuando mis ojos se entornan y mi imaginación se desborda acuciada por tu ausencia.



Alargo los brazos queriendo tocar, no sé, tus hombros, si...de pronto no se distinguir entre ilusión y realidad y acaricio tus suaves omóplatos de terciopelo. Los acaricio con devoción, como quien adora un dios. Paseo mis dedos por ellos dulcemente, recorro tu cuello hasta llegar a tu boca. Mis ojos en ese momento se pierden  en los tuyos y mis labios, amor mío, liban la miel de los tuyos.



A mi alrededor, soy consciente, el mundo ha desaparecido; solo yo y el mar, solo yo y el cielo, solo yo irreal y yo enloqueciendo.

Mis manos se enredan en tu pelo, como en un bosque salvaje, enmarañado, cubierto de maleza impenetrable, árboles ascendiendo hacia el cielo buscando el sol y madreselvas trepando por sus troncos viejos. Mis manos....atrayéndote hacia mí con la urgencia de un beso profundo, húmedo, nervioso como el volar de un vencejo en el verano esperando el ocaso.



Mientras las gotas del rocío mojan mi cara, siento como la soledad araña mi alma, como tu ausencia aviva en mi deseo el recuerdo de tu cuerpo, toman forma de repente entre mis brazos todos mis anhelos de tenerte y me adentro sin querer en el dulce nido de tu sexo.



Descendiendo por tu pubis, me entretengo y descubro la dulce guarida con la seguridad de que me esperas, siempre dispuesta para mi amor. Déjame que te arrope con mis labios, beberé hasta el último de tus suspiros.

Empieza a amanecer. El cielo se ha teñido de sangre y  sigo tumbada sobre la arena húmeda contemplando mi soledad, mirando el mar que se acerca y se aleja como tu recuerdo, como tu amor de va y viene. Un día más se aproxima. Un día más sin ti.




lunes, 17 de octubre de 2011

AMOR EN CIEN AUMENTOS

                                
                              

La historia en sí, no tenía mucho sentido. Al principio, la verdad era un tanto absurda, incluso poco creíble, añadiría. Pero al final se decantó por una de las historias más fascinantes que podía imaginar. Veamos.
Una preciosa gominola redonda, recubierta de azúcar glaseé, concursaba en un programa de televisión. El presentador, un regaliz negro y espigado con el cuerpo retorcido, sonreía continuamente y miraba hacia todos los lados a la vez  con ojos saltones y sin pestañas. La propuesta era sencilla: se trataba de un concurso de acertijos. La gominola, un lacasito y un conguito se jugaban cada vez, un grano de café de Brasil al acertijo más original y acertado. Ganaba el que más granos de café de Brasil obrara en su poder al terminar el tiempo.
El premio era un precioso telescopio de cien aumentos estilizado y brillante, que aguardaba ansioso en su caja apenas sin moverse y un viaje a una isla, a la que solo tendrían que llevar el traje de baño. El resto, todo pagado.
Verles competir era una delicia, la gominola soltando partículas de azúcar por los nervios, el lacasito perdiendo parte de su color azul, el conguito chorreando gotas de chocolate bajo los focos. ¡Qué imaginación!,¡Qué vocabulario!. La competición realmente estaba muy reñida.
Ganó, por poco muy poco, la gominola con una adivinanza un tanto original a la vez que sencilla, pero los nervios y el cansancio ya habían hecho mella en el interior de sus adversarios: “Blanca por dentro, verde por fuera, si lo quieres saber, espera”, dijo.
Sus contrincantes comenzaron a deshacerse en los asientos plasticosos, formando una capa viscosa con el polipiel verde oscuro. Antes de caer al suelo el lacasito dijo: “El plátano” y el conguito:” el huevo, eso si, un huevo podrido”, explicó. El plató era un hervidero de chucherías en pie aplaudiendo a la ganadora que con lágrimas en los poros azucarados recogía su premio nerviosa y emocionada.
Al día siguiente la gominola y su flamante telescopio, embarcaban en un precioso barco de cristal, rumbo a la isla Estratosfera.
A lo lejos, a medida que el barco avanzaba entre las olas de leche merengada, el paisaje era sobrecogedor: nubes de algodón confundiéndose con sus pequeñas islas de maiz inflado azucarado.
El viaje fue ameno. Estuvo lleno de sorpresas agradables. Asistieron incluso a una boda que celebró el capitán en cubierta: una elegante barrita de fresa y yogur con esmoquin, uniendo a una pequeña bola de chicle, preñada de mora con un gusanito presuntuoso, repeinado y carente de interés por el matrimonio.
La boda acabó rociada de preciosas palomitas revoloteando por cubierta, cagando a todos los presentes como prueba de buena fortuna futura.
Ya se acercaban a su destino después de una semana cósmica de travesía y un haz de luz les daba la bienvenida; el grumete haciendo alarde de aptitud por la cual había sido contratado, hacía sonar la sirena a ritmo de

samba y el capitán tan eficiente como experto, colocó el barco sin mayores  problemas en

 

el dique nº15.

La gominola, todo su cuerpo,  pura elucubración y manojo de nervios. Sonaban canciones de Janis Joplin a través de los altavoces oxidados y el cielo tomaba ese matiz nebuloso de las fotografías con filtro. Todo se precipitó en su mente de gelatina. Se había obrado un milagro; por fin podía desprenderse de su envoltorio y tirar a la  papelera sus temores, desnudar su alma, mirar directamente  a las lentes de su telescopio de cien aumentos y decirle valiente y abiertamente cuanto le amaba.
Desperté. Fijé unos minutos la vista sobre el techo rosa salmón, tratando de descifrar el sueño tan raro que me había ocupado gran parte de la noche, intentando quizás descifrar el mensaje si lo había; era tan absurdo...
Me di cuenta de que mi mente se negaba a que fuera un simple cuento con final feliz, más bien me inclinaba a pensar que la dulce gominola mandaba mensajes subliminales a mi cerebro e intentaba aleccionarme sobre mis amores siempre fracasados por ¿mirarles en cien aumentos...? 



viernes, 14 de octubre de 2011

EL CUADRO


                                                






La tarde prometía ser larga. Tras los cristales, una espesa película húmeda envolvía la ciudad.
Desde mi ático, sólo podía distinguir cientos de setas multicolores en movimiento continuo, formando delgadas filas uniformes y acompasadas. No puedo calcular el tiempo exacto que estuve contemplando el panorama, ni en qué momento decidí sumarme a la serpiente.



Me incorporé, cansinamente, dejándome arrastrar, sin darme  cuenta. Tampoco sé el tiempo que anduve calle arriba, calle abajo, inundándome de neones cegadores llamando mi atención inútilmente. Mis pies, en un momento dado, se clavaron en la acera, frente a ese escaparate.

Sólo era un enorme cristal rectangular, sin neones, ni anuncios, nada. Un cuadro, solamente.



Una fuerza desconocida me obligaba a contemplarlo, como un potente imán, no pudiendo despegar mis ojos de aquel lienzo.

A mi alrededor, reptaba impasible la enorme pitón, engullendo a cada paso más y más gente.

Una extraña sensación recorría mi cuerpo, observando a esa mujer de espaldas; el fondo eran blanco-azules, con trazos nerviosos y gruesos, como si el pintor hubiera tenido prisa por terminarlo.



Pero lo que llamaba la atención sobre todo, la protagonista absoluta, era aquella mujer, en un primer plano a la izquierda; el resto del paisaje era una mezcla de arena y espuma.

Su cabeza, tapada por completo por una enorme sombrilla. Yo la adivinaba, mirada lánguida y perdida en la inmensidad acuática, tez pálida, como aquella tela gris azulada. Sus ojos seguro, negros, como el día en que yo la contemplaba; ella, retirándose el pelo de la cara una y otra vez, repetida y suavemente, la brisa devolviéndolo de nuevo a su rostro triste.

Era tal el grado de abstracción en que me encontraba sumida, que no sé en qué momento su cara se volvió hacia mí y su mirada se clavó en la mía, pausada y dolorosamente.



Al principio reconozco que me asusté. Luego pasé directamente a la sorpresa y, por fin, a la curiosidad. En verdad, tenía los ojos más tristes que yo recuerde haber visto nunca. Sus labios perfilaban una media sonrisa resignada, pero tan auténtica que realmente sentí, como me inundaba una enorme ternura hacia esa desconocida.

Fui  midiéndola de abajo a arriba, lentamente, sin querer perder el más mínimo detalle, parándome con deleite en todo su ser: primero sus pies, descalzos imaginaba yo, tapados por el vestido largo y vaporoso. Unos pies pequeños, hundidos en la arena húmeda. Su cuerpo indescriptible, bajo esas gruesas pinceladas. Los brazos, dos trazos casi simétricos: el izquierdo sujetando la sombrilla y la cabeza inclinada sobre su hombro.



A mi alrededor, la fina lluvia se había transformado en aguacero impertinente, salpicando con gruesas gotas el escaparate, que yo me empecinaba en limpiar una y otra vez, intentando evitar que el mar, engullera incluso la tienda.

Era consciente que la gente  comenzaba a observarme con desconfianza, pero yo, ya no podía hacer nada por librarme del hechizo al que era sometida.

Poco a poco fui consciente de la realidad y lo vi claro: la mujer volteó su cara por debajo de la sombrilla y me miró con descaro.



Su rostro, era mi propio rostro. Sentí la suave brisa de aquel mar verdoso en mi cara, la arena húmeda entre mis dedos descalzos. La vista se me perdió en la raya del horizonte blanco-azulado donde se unían cielo-mar, y el estupor dio paso a una calma hiriente.

Un silencio seco, roto sólo por el crujir de las varillas de una sombrilla que mis propias manos sujetaban, cubriéndome la cara de un sol inexistente.

Fui consciente, también, de la tristeza de mis ojos atentos a ese mar extraño y caprichoso que me llamaba, seduciéndome.



Llovía copiosamente, era tarde espesa y gris, delante de una galería de arte, ante un cuadro de trazos gruesos, en el cual, un mar blanqui-azul, espumoso, ocupaba casi la totalidad de la tela.

Sólo unas ropas en la izquierda, descansaban sobre la arena, como olvidadas, y una sombrilla abierta sobre ellas, a merced del viento.




























































































































martes, 11 de octubre de 2011

AL ABRIGO DE TU VOZ


                           



Trepo por la comisura de tus labios,

y aunque por un instante, creyera,

eres sonido lejano envolviendo mis oídos,

y fueras a desaparecer,

no volaría tras las hondas que emites

con sólo el movimiento de tu lengua,

                                   ni desvanecería mis dudas

  en la fuente dulce  de tus besos.

 

                                   Al arrullo lento de palabras entrecortadas

  que como nana narcotizante y  sorda nubla mis sentidos,

  doblego mis fuerzas ante tu cuerpo y entrego mi alma

  a la eternidad de tu boca, ¡tu boca!,

  esa eternidad que ya me mira y se sonríe

  y me acurruco… al abrigo de tu voz.


(del libro En vías muertas)


viernes, 7 de octubre de 2011

FLORES MARCHITAS





          Paré el motor del coche y sin soltar las manos del volante, fijé la mirada en un  punto imaginario de la blanca pared de cal. El estridente sonido del reloj, en lo alto del ayuntamiento, me sacó del trance violento en el que quedé sumida por ¿cuánto tiempo, una hora, dos minutos?, no importa, el reloj sonó tres veces, y yo miré a mi alrededor, como quien busca una referencia después de un largo sueño. Fuera danzaba una suave brisa, meciendo el alto álamo en mitad de la plaza, tal como lo recordaba; en realidad pasando una rápida mirada, poco había cambiado en estos años: las paredes seguían siendo blancas, las calles vacías a esta hora de la siesta  tan tradicional como tediosa, los suelos empedrados... Sí, todo parecía suspendido en el tiempo, como si los años se hubiesen detenido en aquel lugar perdido, lejos  de toda civilización cercana. En mi cerebro escuchaba sólo, la voz de Juana, mi amiga de la infancia, dándome la noticia la noche anterior: Ha muerto. Sin más. Todo son imágenes relampagueantes a partir de ahí. Prisas, nervios, la noche en blanco, sin ver el momento de ponerme en camino. Cinco horas después estaba contemplando como hipnotizada, el álamo bailando a merced del viento, sin atreverme a salir del coche, mi fortaleza en esos momentos.

Cogiendo aire  salí del vehículo, aferré el lacio ramos de flores comprado a última hora, y me encaminé calle abajo hacia el angosto camino del cementerio.

 Realmente el tiempo se había detenido por completo, todo era exactamente como lo recordaba. Me acercaba a los muros del pequeño campo santo y mi respiración se estremecía más y más; cuando estuve frente a la gran verja cerrada, mi pecho era un volcán en erupción. Miré a través de las rejas y lo vi. El montículo de tierra fresca rodeada de flores algo marchitas, agitadas por la suave brisa, estaba más cerca de mí de lo que pensaba. Apenas nos separaba una desvencijada puerta de hierro, un candado oxidado y treinta años. Si había llegado hasta allí, debía traspasarla sin miedo.

De pie, con los ojos fijos en la tierra roja solté el ramo de flores en la tumba de al lado, encima de una losa marmórea con una foto color sepia y me dejé caer cansinamente de rodillas en el estrecho camino que las rodeaba. Incapaz de sentir absolutamente nada, mi cuerpo era un peso muerto, cansado, roto. Saqué un cigarrillo y lo apuré con rabia, dejando caer la ceniza sobre la tierra que cubría aquel cuerpo físico casi olvidado, como si en cada sacudida se me fuera un pedazo de pena, un trocito de vida. Apagué la colilla contra ella y me incorporé, lentamente, esbozando una estúpida sonrisa sin levantar la mirada, musitando una oración, esa que tantos años soñé decir  llegado este momento: Ojalá te pudras en los infiernos, hijo de puta. Y entonces cogiendo todo el aire que mis pulmones fueron capaces de aguantar, grité, grité y las lágrimas brotaron sin cauce, mientras la risa se confundía con mis lágrimas y mis lágrimas con mis gritos  y mis gritos con el viento cada vez más violento, mi cuerpo se relajó y todo volvió a la normalidad. Me encaminé hacia la salida aún sonriendo, con paso decidido, pensando convencida,” ya está todo en su sitio, se ha hecho justicia”. Traspasé de nuevo la pesada puerta dispuesta a ir a saludar  a mi amiga; miré por última vez hacia atrás y me vi. Era una niña de apenas cinco años que desde el interior, sentada sobre el montículo de tierra roja me despedía con su manita extendida y una triste sonrisa en los labios. La correspondí con un amargo gesto y un cansancio indescriptible. Había algo que no encajaba: si era lo que había estado esperando toda mi vida, ¿por qué no me sentía feliz...?

( del libro Poelatos)






miércoles, 5 de octubre de 2011

SENSACIONES


       


                                    El espectro de tu cuerpo
                                    me ronda de nuevo estos día
                                    despertó el volcán dormido,
                                    volvió a doler el recuerdo.
                                    Llegó hasta mí,
                                    en un susurro
                                    el aroma de tu pelo,
                                    y tu rostro se materializó
                                    ante mis ojos atentos.
                                    Incluso
                                    llegué a hablar contigo
                                    en ese idioma
                                    de los desesperados,
                                    tan quedo...
                                    Y debí rozar tus dedos,
                                    porque mi mano ardía,
                                    y mi mente repetía:
                                    ha vuelto.

(  del libro AL final de mi memoria )











martes, 4 de octubre de 2011

VUELO IN-DIRECTO






Permaneció inmóvil largo rato observando sus miserias desparramadas por la cama revuelta, restos de una batalla librada consigo misma.

En su mano aferrada fuertemente la pequeña maleta donde debía meter todo aquello que verdaderamente sirviera para comenzar una nueva vida lejos de aquellas cuatro paredes impregnadas de dudas, silencios y frases mil veces repetidas a la nada.

Miró de nuevo aquel amasijo de dolor, fue eligiendo cuidadosamente de entre los escombros y colocando en su pequeño equipaje aquello que realmente aun merecía la pena salvar.



Cepillo de dientes,  bolígrafo, mi sonrisa  por si acaso, el amor que me sobró, quizás algún día…, la paciencia y la serenidad me las llevo puestas, seguro, fuera hace frío.



Salió de la habitación sin  mirar atrás. Un resplandor inundó la mañana recién estrenada tras su espalda.

Mientras caminaba calle abajo el fuego consumía su pasado.



Parece que hiciera siglos…sin embargo….
El bullicio de la calle despierta poco a poco del letargo matutino. Es temprano.
Los días se suceden uno tras otro, da lo mismo lunes o martes, diez o quince.  Todo carece de importancia cuando la vida se resume en intentar inventar vidas que no te pertenecen, en intentar imaginar paisajes irreales o aventuras que nunca vivirás.

Da igual pasar los días esperando tan sólo una llamada que te saque del tedio de una pantalla, o esa llave en la cerradura o los pasos acelerados por un interminable pasillo al caer la tarde, cuando el día ha muerto …un mes si uno no.

Quizás eres otoño perecedero inventando historias y versos; humo que se eleva hacia el techo e impregna las paredes tan sólo para recordarte mañana que el olor a rancio fue real. Historias…

Los caminitos se sucedían unos tras otros, unos frente a otros.
De la mano, con pasos acompasados y lentos, se dejaban mecer por los rayos otoñales que caían oblicuos por entre los grandes árboles del parque, para estrellarse después contra el suelo reflejando sus sombras, nítidas, uniformes, juntitas....

La perspectiva del tiempo no existía ni importaba. ¿Cómo se mide la felicidad del momento? Sería absurdo querer rascar minutos a un reloj de porcelana delicada.
Sin darse cuenta se hallaron frente al pequeño estanque donde una familia de ánades descansaba ociosa al calorcito del final de la tarde.

Abrazadas largo rato, mirando con esa paz que la imagen les proporcionaba no eran conscientes  de que el mundo a su alrededor podía desaparecer. Se besaron una vez más, siempre la última, mirándose a los ojos..."¿Quién fuera pato verdad?"

La tarde llegaba a su fin y empezaba a refrescar y solo dijo " Dónde  tú vayas iré, siempre..."

Una humedad bajo sus pies les hizo mover las patas y seguir  nadando  alrededor del estanque, felices una tras otra con los ojos brillantes, sabiendo más que nunca, que nada ni nadie las separaría jamás....

 Ahora vuelo hacia ti, en vuelo in-directo con la palabra presta en los labios, haciendo hueco entre mi sonrisa.

Y mientras atravieso esta jungla que me acerque un poco cada vez más a tus brazos, a tus besos, recito como una oración las frases sobre el tiempo y el amor tan aprendidas, palabras como leyes grabadas a fuego en mis retinas....con la mano aferrada fuertemente a la pequeña maleta  donde metí todo el amor que me sobró y que no quisiste.

"El tiempo es demasiado lento para aquellos que esperan... demasiado rápido para aquellos que temen.... demasiado largo para aquellos que sufren.... demasiado corto para aquellos que celebran... pero para aquellos que aman, el tiempo es eterno."

Yo sé que es de un escritor que ni me acuerdo. Ni me importa, se me antoja ahora mismo entre el bullicio que me absorbe y me impacienta. Musito tu nombre en cada parada hasta el mismo borde definitivo.

"El amor halla sus caminos, aunque sea a través de senderos por donde ni los lobos se atreverían a seguir su presa."

Miro hacia abajo e intento encontrarte a través de las nubes aún sabiendo la idiotez del gesto, aún sabiendo que no estás.
De nuevo sobre el asfalto, recorro los  suspiros que me separan de ti a través de la  selva, entre alimañas peligrosas carentes de toda sensibilidad...pero todo mi  esfuerzo es en vano. Al final de este calvario no  son tus ojos en los que mi mirada descansa del largo viaje, ni  tu piel  la que me cubre del frío




domingo, 2 de octubre de 2011

MIRADAS


MIRADAS



Los ojos son el espejo del alma. Las miradas lo dicen todo. Bla bla bla.

Palabras, palabras...siempre palabras...siempre frases repetidas, eslóganes insistidos hasta la saciedad, soniquetes con musiquilla de grandes almacenes... o no, o si, quizás, dudas, siempre dudas…



Una mirada, aquella  mirada la acompañaba siempre como una sombra. No podía entender como dejaba que sus ojos la atraparan en esa tela de araña envenenada de malicia. Ni  la distancia ni el tiempo habían podido apartar de su mente esa sensación de zozobra que le volvía el estómago del revés en cuanto sus ojos se encontraban. Pero tras  su mirada, un abismo oscuro y turbio lanzaba ecos de peligro.



Sin embargo ocurre a veces que el corazón se empecina en intentar demostrar una y mil veces lo indemostrable.

Una vez más quedaba latente su incapacidad para discernir, para separar, esa raya indeleble que divide la realidad, la verdadera realidad de la suposición...es tan fácil dar por hecho, tan terriblemente fácil dejarse llevar por una mirada cargada de deseo…





Una  mañana se despertó  mujer viento. Algo en ella era diferente. En su interior una fuerza desconocida la empujaba hacia el exterior con ansias renovadas de gritar  que se sentía liberada de cadenas invisibles, y comenzó a vestirse de aire y espuma…tan ligera, tan segura….miró a los ojos de su gato que la observaba con sus grandes ojos azules abiertos, expectantes….lo acarició con ternura, pero sin interés…

Y salió a la calle sin mirada. Y caminó entre la gente sonriendo, gente sin miradas, porque cuando no miras a los ojos de la gente, nadie puede hacerte daño……




sábado, 1 de octubre de 2011

MANIC MONDAY


MANIC MONDAY



La música comienza, donde acaba el Lenguaje. No hay música mala, sino malos momentos para escuchar ciertas músicas.



The Bangles….Un grupo que surgió en mi vida como por hechizo. Y digo bien. Fue una especie de encantamiento se puede decir, un instante, una voz, una música y me enamoré. Sin más.

Eran junto con  The Go-Go’s uno de los primeros grupos formados exclusivamente por mujeres a principios de los 80. Ellas se formaron en Los Ángeles en el 81, pero yo no las conocí hasta años más tarde, evidentemente a España todo llega años más tarde. Sus canciones me hicieron bailar,  me hicieron sonreír, me hicieron soñar. Eran mi grupo. Lo hice mío. Su estilo vocal , la forma  de cantar en sus conciertos,  las adoraba como a diosas…

Esta mañana mientras tomaba mi café y desperezaba los ojos, como un eco antiguo, las ondas de la radio las han traído a desayunar conmigo. Manic Monday, la voz de mi adorada Susana Hoffs, mi amor platónico durante tanto tiempo… por todos los dioses, como amaba a esa mujer, su dulce voz,  mirada lánguida, la forma de rasgar la guitarra…

The Bangles buen comienzo, con  vosotras, si señor, hoy seguro que puede ser un gran día…. Manic Monday.