viernes, 7 de octubre de 2011

FLORES MARCHITAS





          Paré el motor del coche y sin soltar las manos del volante, fijé la mirada en un  punto imaginario de la blanca pared de cal. El estridente sonido del reloj, en lo alto del ayuntamiento, me sacó del trance violento en el que quedé sumida por ¿cuánto tiempo, una hora, dos minutos?, no importa, el reloj sonó tres veces, y yo miré a mi alrededor, como quien busca una referencia después de un largo sueño. Fuera danzaba una suave brisa, meciendo el alto álamo en mitad de la plaza, tal como lo recordaba; en realidad pasando una rápida mirada, poco había cambiado en estos años: las paredes seguían siendo blancas, las calles vacías a esta hora de la siesta  tan tradicional como tediosa, los suelos empedrados... Sí, todo parecía suspendido en el tiempo, como si los años se hubiesen detenido en aquel lugar perdido, lejos  de toda civilización cercana. En mi cerebro escuchaba sólo, la voz de Juana, mi amiga de la infancia, dándome la noticia la noche anterior: Ha muerto. Sin más. Todo son imágenes relampagueantes a partir de ahí. Prisas, nervios, la noche en blanco, sin ver el momento de ponerme en camino. Cinco horas después estaba contemplando como hipnotizada, el álamo bailando a merced del viento, sin atreverme a salir del coche, mi fortaleza en esos momentos.

Cogiendo aire  salí del vehículo, aferré el lacio ramos de flores comprado a última hora, y me encaminé calle abajo hacia el angosto camino del cementerio.

 Realmente el tiempo se había detenido por completo, todo era exactamente como lo recordaba. Me acercaba a los muros del pequeño campo santo y mi respiración se estremecía más y más; cuando estuve frente a la gran verja cerrada, mi pecho era un volcán en erupción. Miré a través de las rejas y lo vi. El montículo de tierra fresca rodeada de flores algo marchitas, agitadas por la suave brisa, estaba más cerca de mí de lo que pensaba. Apenas nos separaba una desvencijada puerta de hierro, un candado oxidado y treinta años. Si había llegado hasta allí, debía traspasarla sin miedo.

De pie, con los ojos fijos en la tierra roja solté el ramo de flores en la tumba de al lado, encima de una losa marmórea con una foto color sepia y me dejé caer cansinamente de rodillas en el estrecho camino que las rodeaba. Incapaz de sentir absolutamente nada, mi cuerpo era un peso muerto, cansado, roto. Saqué un cigarrillo y lo apuré con rabia, dejando caer la ceniza sobre la tierra que cubría aquel cuerpo físico casi olvidado, como si en cada sacudida se me fuera un pedazo de pena, un trocito de vida. Apagué la colilla contra ella y me incorporé, lentamente, esbozando una estúpida sonrisa sin levantar la mirada, musitando una oración, esa que tantos años soñé decir  llegado este momento: Ojalá te pudras en los infiernos, hijo de puta. Y entonces cogiendo todo el aire que mis pulmones fueron capaces de aguantar, grité, grité y las lágrimas brotaron sin cauce, mientras la risa se confundía con mis lágrimas y mis lágrimas con mis gritos  y mis gritos con el viento cada vez más violento, mi cuerpo se relajó y todo volvió a la normalidad. Me encaminé hacia la salida aún sonriendo, con paso decidido, pensando convencida,” ya está todo en su sitio, se ha hecho justicia”. Traspasé de nuevo la pesada puerta dispuesta a ir a saludar  a mi amiga; miré por última vez hacia atrás y me vi. Era una niña de apenas cinco años que desde el interior, sentada sobre el montículo de tierra roja me despedía con su manita extendida y una triste sonrisa en los labios. La correspondí con un amargo gesto y un cansancio indescriptible. Había algo que no encajaba: si era lo que había estado esperando toda mi vida, ¿por qué no me sentía feliz...?

( del libro Poelatos)






2 comentarios:

  1. Cuantas veces he saludado y despedido a la niña que herida me mira con ojos grandes y muy abiertos y me extiende los brazos implorando perdon y cariño... yo, todavia no estoy preparada y esquivo la mirada.. algun dia me veré de frente, ojos con ojos, manos con manos, alma con alma.. me ha encantado tu escrito.. un beso

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  2. no me gusta salga como anonimo.. mi nombre es Andrea.

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