Trepo por la comisura de tus
labios,
y aunque por un instante,
creyera,
eres sonido lejano envolviendo
mis oídos,
y fueras a desaparecer,
no volaría tras las hondas que
emites
con sólo el movimiento de tu
lengua,
ni desvanecería mis dudas
en la fuente dulce de tus besos.
Al arrullo
lento de palabras entrecortadas
que como nana narcotizante y sorda nubla mis sentidos,
doblego mis fuerzas ante tu cuerpo y entrego
mi alma
a la eternidad de tu boca, ¡tu boca!,
esa eternidad que ya me mira y se sonríe
y me acurruco… al abrigo de tu voz.
(del libro En vías muertas)

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