lunes, 17 de octubre de 2011

AMOR EN CIEN AUMENTOS

                                
                              

La historia en sí, no tenía mucho sentido. Al principio, la verdad era un tanto absurda, incluso poco creíble, añadiría. Pero al final se decantó por una de las historias más fascinantes que podía imaginar. Veamos.
Una preciosa gominola redonda, recubierta de azúcar glaseé, concursaba en un programa de televisión. El presentador, un regaliz negro y espigado con el cuerpo retorcido, sonreía continuamente y miraba hacia todos los lados a la vez  con ojos saltones y sin pestañas. La propuesta era sencilla: se trataba de un concurso de acertijos. La gominola, un lacasito y un conguito se jugaban cada vez, un grano de café de Brasil al acertijo más original y acertado. Ganaba el que más granos de café de Brasil obrara en su poder al terminar el tiempo.
El premio era un precioso telescopio de cien aumentos estilizado y brillante, que aguardaba ansioso en su caja apenas sin moverse y un viaje a una isla, a la que solo tendrían que llevar el traje de baño. El resto, todo pagado.
Verles competir era una delicia, la gominola soltando partículas de azúcar por los nervios, el lacasito perdiendo parte de su color azul, el conguito chorreando gotas de chocolate bajo los focos. ¡Qué imaginación!,¡Qué vocabulario!. La competición realmente estaba muy reñida.
Ganó, por poco muy poco, la gominola con una adivinanza un tanto original a la vez que sencilla, pero los nervios y el cansancio ya habían hecho mella en el interior de sus adversarios: “Blanca por dentro, verde por fuera, si lo quieres saber, espera”, dijo.
Sus contrincantes comenzaron a deshacerse en los asientos plasticosos, formando una capa viscosa con el polipiel verde oscuro. Antes de caer al suelo el lacasito dijo: “El plátano” y el conguito:” el huevo, eso si, un huevo podrido”, explicó. El plató era un hervidero de chucherías en pie aplaudiendo a la ganadora que con lágrimas en los poros azucarados recogía su premio nerviosa y emocionada.
Al día siguiente la gominola y su flamante telescopio, embarcaban en un precioso barco de cristal, rumbo a la isla Estratosfera.
A lo lejos, a medida que el barco avanzaba entre las olas de leche merengada, el paisaje era sobrecogedor: nubes de algodón confundiéndose con sus pequeñas islas de maiz inflado azucarado.
El viaje fue ameno. Estuvo lleno de sorpresas agradables. Asistieron incluso a una boda que celebró el capitán en cubierta: una elegante barrita de fresa y yogur con esmoquin, uniendo a una pequeña bola de chicle, preñada de mora con un gusanito presuntuoso, repeinado y carente de interés por el matrimonio.
La boda acabó rociada de preciosas palomitas revoloteando por cubierta, cagando a todos los presentes como prueba de buena fortuna futura.
Ya se acercaban a su destino después de una semana cósmica de travesía y un haz de luz les daba la bienvenida; el grumete haciendo alarde de aptitud por la cual había sido contratado, hacía sonar la sirena a ritmo de

samba y el capitán tan eficiente como experto, colocó el barco sin mayores  problemas en

 

el dique nº15.

La gominola, todo su cuerpo,  pura elucubración y manojo de nervios. Sonaban canciones de Janis Joplin a través de los altavoces oxidados y el cielo tomaba ese matiz nebuloso de las fotografías con filtro. Todo se precipitó en su mente de gelatina. Se había obrado un milagro; por fin podía desprenderse de su envoltorio y tirar a la  papelera sus temores, desnudar su alma, mirar directamente  a las lentes de su telescopio de cien aumentos y decirle valiente y abiertamente cuanto le amaba.
Desperté. Fijé unos minutos la vista sobre el techo rosa salmón, tratando de descifrar el sueño tan raro que me había ocupado gran parte de la noche, intentando quizás descifrar el mensaje si lo había; era tan absurdo...
Me di cuenta de que mi mente se negaba a que fuera un simple cuento con final feliz, más bien me inclinaba a pensar que la dulce gominola mandaba mensajes subliminales a mi cerebro e intentaba aleccionarme sobre mis amores siempre fracasados por ¿mirarles en cien aumentos...? 



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