lunes, 24 de octubre de 2011

AÑORANZA


                       

El mar eructaba violentamente formando capullos con las olas, rosas rompiéndose al poco, sobre el casco del buque. En la quilla, la figura de una sirena estremecida, abrazaba cada ola, evitando que salpicaran las armas del navío pirata. En su vientre, las almas pendencieras, brindaban exultantes, ansiosos de una nueva conquista, tan pronto el temporal arreciara. El grumete, en popa, aprovechaba el vómito marino para abrillantar la catapulta nueva, arrebatada a un bergante inglés la tarde pasada. A lo lejos, se divisaba ya tierra, la alta torre del campanario en silueta, entre la fina lluvia y el dulce atardecer, le daban la bienvenida; fijando aún más la vista, casi podía observar el corral lleno de gallinas escandalosas y suculentas, la taberna repleta de seudo sapos borrachos, macilentos y babosos y exuberantes bailarinas  color ébano. Tralcira, la mujer de sus sueños añorada largo tiempo, seguro, esperándole al fondo del local ruidoso y oscuro, escuchando su canción, cantada entre suspiros. Entrecerró los ojos mientras las olas seguían salpicando su rostro. El leve rumor de la cocina, a trajín de cacerolas, cuchillos cortando viandas y batir de huevos le despertó de su ensimismamiento momentáneo. “ Hoy cenamos tortilla, rica...”, y se dejó caer sobre cubierta, cedida ya la tormenta, con el rostro de Tralcira entre las nubes, suavemente, hasta la hora de la cena, contemplando el cielo repleto ya de estrellas chispeantes...


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