miércoles, 19 de octubre de 2011

UN DIA MÁS SIN TI







Recorro el malecón solitario, mientras el viento acaricia mi rostro suavemente. Camino despacio, las manos en los bolsillos y la mirada perdida. De vez en cuando me paro en esta oscuridad que me envuelve, en estas sombras que me atrapan, queriendo abarcar la inmensidad del infinito.



Ese horizonte que se pierde a lo lejos, ese mar en calma que  se une con la noche, que se alía con mis más profundos pensamientos.

A lo lejos, las voces de la noche de una ciudad que bulle y se agita me recuerdan aún más esta soledad no deseada, hiriente. La rabia se apodera  de mis piernas y de un salto mis pies se hunden en una manta húmeda de arena blanda por la que a duras penas avanzan hasta la orilla. Y allí, dejo caer pesada, cansinamente mi cuerpo justo donde rompen las olas, justo donde el agua arremolina la arena y se me antoja la figura de un pezón. Sigo su movimiento circular divertida, viendo como redondea la tierra formando un vértice perfecto y puntiagudo, sugerente.



Durante unos minutos, mi mente se extravía en mundos incitantes a la lujuria, miro hacia el cielo iluminado  tenuemente por una tímida luna menguante y me tumbo sobre la playa mientras mis ojos poco a poco se acostumbran por fin a la oscuridad.

El viento mece mi pelo, mis ropas y empuja las nubes formando caprichosas formas aún más extrañas en la penumbra. Es entonces cuando mis ojos se entornan y mi imaginación se desborda acuciada por tu ausencia.



Alargo los brazos queriendo tocar, no sé, tus hombros, si...de pronto no se distinguir entre ilusión y realidad y acaricio tus suaves omóplatos de terciopelo. Los acaricio con devoción, como quien adora un dios. Paseo mis dedos por ellos dulcemente, recorro tu cuello hasta llegar a tu boca. Mis ojos en ese momento se pierden  en los tuyos y mis labios, amor mío, liban la miel de los tuyos.



A mi alrededor, soy consciente, el mundo ha desaparecido; solo yo y el mar, solo yo y el cielo, solo yo irreal y yo enloqueciendo.

Mis manos se enredan en tu pelo, como en un bosque salvaje, enmarañado, cubierto de maleza impenetrable, árboles ascendiendo hacia el cielo buscando el sol y madreselvas trepando por sus troncos viejos. Mis manos....atrayéndote hacia mí con la urgencia de un beso profundo, húmedo, nervioso como el volar de un vencejo en el verano esperando el ocaso.



Mientras las gotas del rocío mojan mi cara, siento como la soledad araña mi alma, como tu ausencia aviva en mi deseo el recuerdo de tu cuerpo, toman forma de repente entre mis brazos todos mis anhelos de tenerte y me adentro sin querer en el dulce nido de tu sexo.



Descendiendo por tu pubis, me entretengo y descubro la dulce guarida con la seguridad de que me esperas, siempre dispuesta para mi amor. Déjame que te arrope con mis labios, beberé hasta el último de tus suspiros.

Empieza a amanecer. El cielo se ha teñido de sangre y  sigo tumbada sobre la arena húmeda contemplando mi soledad, mirando el mar que se acerca y se aleja como tu recuerdo, como tu amor de va y viene. Un día más se aproxima. Un día más sin ti.




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